
Arden los ojos y la cabeza. Me baño el romance que nunca existió. Me rasuro las ilusiones y falsas esperanzas, camino, manejo el memóvil, caigo, me lavanto. Como enchiladas de algodón para que me alcance. Piso un trozo de mierda de cerdo, o ave, o dragón. Da lo mismo, todo es lo mismo, digo. Me enamoro de una piedra ridícula antes de besarla. Me caigo. Duermo cuando camino. Manejo. Estrés. Tráfico. Calor de antes. Periférico embrujado. Moby. Camina amelié por las fuentes del cerebro. Algunas cantan, (no importa quiénes sean, sólo sé que cantan). Caigo. Caracoles azules y serpientes doradas se adelantan en mi camino. Caigo. Duermo. Grito. Sueño. Quijotes sudorosos cabalgan en el aire. Quiero llegar igual que ellos. ¿falta mucho? Necesito leer más. Teatro. Vaginas con dientes muerden leyendas, besos de caracoles morados. Desnudo. Fotos. Mensaje al celular. Disculpas por no querernos. Mails, cuadernos, hablemos de niños, recaditos en servilletas. Celos, volcanes de látex, dos gritos explotando. Ojos gastados, miradas de pulpos. Aliento de piedras grises. Hambre, poco dinero, morirse por hacer arte, morise por una mordida de amor, cuatro cigarros deprimidos, dos cervezas melancólicas, taquicardia, caigo, sonrío, la doctora está enferma, ella no cree. Alicia existe.