domingo, noviembre 19, 2006

Te ando buscando


para darte lo que te mereces....

lunes, noviembre 13, 2006

Nada, absolutamente nada para hoy


Dicen los sabios, que lo mejor es callar cuando se tiene nada que decir, es mejor el silencio cuando no hay nada que escribir. Silencio..... Esta noche no hay absolutamente nada que decir.

domingo, noviembre 12, 2006

A ti, donde estés a cualquier hora


GABRIELA
Princesa, mi princesa coyoacanense, dueña de lo que sueñas, dama de lo inalcanzable, misteriosa, conquistadora de mis pensamientos, maliciosa, hermosa, tú. ¿Qué hago para tenerte, qué puedo hacer para tenerte?
¿Te envuelvo mi corazón?
¿Te regalo mis ojos?
¿Me corto la oreja izquierda y te la doy en una servilleta?
¿Me arranco la lengua?
¡Dime qué quieres que haga para demostrarte que te quiero!
¿Te regalo más versos?
¿Destrozo cada uno de ellos en mi garganta, en mi mente, en el estómago, en el recuerdo? ¿digo mas mentiras, me destrozo la lengua para nunca volver a hablar?
¿Me cambio de rostro, me cambio de nombre?
¿Volvemos a empezar?
¿Qué tengo que hacer para que me creas?
(aunque sea poquito como tú dices)
¿Qué tengo que hacer para que me quieras?
¿Qué debo hacer para que me beses?
¿Qué prueba tengo que pasar para te des cuenta que te quiero bien? Enfrentarme a Medusa, matar a un dragón, llegar a la dimensión desconocida, comerme la luna de jícamas de las que me hablas, de aquella luna que has creado, convertirme una noche en tu gato, en el frío para cubrirte, en el calor para sentirte, o llegar hasta el laberinto del fauno para demostrarte que la esperanza y los sueños existen.

¿Qué necesito hacer? Dímelo por favor, antes de que muera, o antes que desvanezca lo que siento dentro.
¿Es tan difícil quererme?..........
Yo sólo te quiero, minuto a minuto, minuto a minuto, minuto a minuto, minuto a minuto, minuto a minuto, minuto a minuto, minuto a minuto, minuto a minuto, minuto a minuto, minuto a minuto, minuto a minuto, minuto a minuto. Minuto a minuto, como en tus sueños.
Siempre, cada noche, cada frío, cada sentirte, cada clase, cada instante.

Guillermo


12 – Nov- 06 / 1:21 am

Simplemente Alicia


Alicia, en tí confío todas las noches, ayúdame, te necesito, llevame a tu mundo.

Alicia debería arrancarme el corazon al absurdo

ABRIL 2006

“ALICIA DEBERÍA ARRANCARME EL CORAZÓN AL ABSURDO”.

Si, a veces pasa que me siento como un roca, esa roca que cae, que cae, que cae, no termina de caer y jamás llega al abismo. No encuentra fin en su caída. Un mundo donde Alicia aparece nuevamente en mi mente, jugando esta vez con piedras amarillas que representan mi conciencia y mi debilidad, mi falta de talento nuevamente ante esos molinos gigantes de poética sabiduría. Donde aquí ya no hay lugar para una tetera dulce y gentil. Sin embargo en el fondo éste malestar es bello, con milímetros de poesía, no mucha pero suficiente, la necesaria para tocar un pedacito muy pequeño, pequeñito de nube blanca como los calcetines de algodón que alguna vez perdiste o tus únicas y características zapatillas amarillas que me encantan.
Pero dónde quedo yo? En la nada, en el abismo, en el cielo, olvidado en el desierto de la melancolía desastrosa y monótona, harto de sentir el mismo color en mis recuerdos y aburrido de quejarme de la misma plegaria, o quizás flotando en el mar púrpura más lejano del planeta.
¡Simplemente no quedo en ningún lado! Quizás perdido y fragmentado. Otra vez en el desierto, quizás en algún cementerio en ruinas, o tal vez en palabras llanas y sin sentido. Efímeras y destrozadas por el viento de abril. Volvemos a empezar, volvemos a la nada.
Como Alicia en el País de las Maravillas, en su búsqueda interminable de alcanzar al conejo blanco. Sólo que esta vez, no hay Alicia y tampoco un conejo blanco, ni psicodélico como los que imaginaba Cortázar.

Alicia debería arrancarme el corazón al absurdo. Exprimirlo con fuerza .Y arrojarlo a lo desconocido, allá donde no pueda más sufrir. Donde sólo ella sabe que no hará daño ni molestia a nadie, donde ya no hay amor, ni esperanza. Nada. Donde el dolor ya no arda.
Se congele ahí para siempre. Y me regale uno nuevo. De esos que no sienten. De esos que necesita una piedra.

¡Para que jamás vuelva a sufrir! Que no se caiga en millones de trocitos irreparables.
Que sea de plástico, que sea inútil, que sea desechable, que sea cursi, que sea extraño, que sea sin forma y sin sentido, que no sepa a nada y que no tenga colores.
¡Quiero un corazón así! Le pediría que me cambiara inmediatamente éste que tengo por el de ella, o por el del gato o el que me encomendaran los siameses. Pero que no sea el mío, nunca más.

Alicia, por favor. Regálame un corazón con el que no se sufra. ¡Invéntalo, tú que puedes! Genéralo, uno especial para mí. Hazme uno mágico, de esos que sólo tú conoces.

El mío arrójalo a la basura, destrúyelo, aniquílalo, vomítalo, escúpelo y devóralo nuevamente para que nunca se vuelva a usar.

Llévatelo al arco iris, o dáselo a la oruga pensante y que le ponga un nuevo nombre, que le invente una nueva función, una misión absurda, tan absurda como es el amor no correspondido.

Pero no quiero un corazón que me lastime, que arda en mi pecho cada vez que respiro.
Dame uno fuerte, con carácter, que no acepte travesuras, sueños ni derrotas.

Alicia, te doy mi corazón para siempre, haz con él lo que quieras, regálaselo a la Reina ara que pueda degollarlo con gusto y satisfacción todas las veces que sea necesario. Que lo destruya y lo vuelva a degollar las veces que quiera, tal vez a ella le sirva más que a mí. O puedes arrojarlo al mar donde los cangrejos lo exprimirán sin piedad extrayendo el jugo del amor exonerado. Seco, irreparable.

O envuélvelo en una caja de hojalata y dónalo para algún peregrino que anhele un corazón oxidado y poco resistible al amor. Quizás él lo quiera, pero yo no.

Quiero un corazón nuevo, el mío ya no sirve, entiéndelo. Es obsoleto, anticuado, modesto y noble. Está pasado de moda, es uno tradicional de esos que se entrega sin condiciones, es de esos que ya nadie quiere. El mío me pesa llevarlo en mi pecho y en mi piel.
¡Anda Alicia! ¡Hazlo pronto! ¡Arráncamelo! Como si fuera la última vez que lo vieras. Mi alma me lo exige.

Quiero que me des un corazón duro, hueco, fatuo, áspero. Como los que necesitan las rocas. Un corazón resistente que aguante todas las heridas del tiempo.

Dame el corazón para una roca. Dame el corazón que necesito. Dame el que tú conoces o quizás el tuyo. Dame un corazón para esta carcomida y seca alma.

Al menos tú Alicia, disfrazas mejor el dolor y la confusión que yo, envuelto en esta arrugada y pesada prisión de roca.

La catarsis va desapareciendo, comienza a surgir efecto las pastillas amarillas de melancolía, y se desvanece el recuerdo de las lágrimas que escaparon ágilmente, derritiéndose entre mi armadura de sentimientos que ya no quieren regresar al mundo real.

Soy lo que soy y eso es todo. Una piedra enamorada sin razón.

Respira Alicia, vas bien, eso es muy bien. Lo has hecho muy bien, estás lista para seguir leyendo, escucha a la piedra, escúchala bien.

“Las piedras son sabias, a veces también lo soy yo. Recuerda que las piedras también aman y sienten”.

Llegó la noche, una noche más que comienza con arte y termina con dolor, un dolor que consume, que arde en el alma profundamente, aunque sea de piedra.

Guillermo Carballo

lunes, noviembre 06, 2006

La mañana de un lunes

Algún brujo ocioso me ha elegido para convertirme en un zapato. Un zapato viejo, sucio y gris. No en un sapo amarillo, ni en un ratón verde. Tampoco en una piedra púrpura de alguna playa virgen. No, nada de eso. ¿por qué no me hizo cuaderno o lápiz? O quizás comida: dulces o chocolates, chile o sal. ¿Porqué me escogió a mí? ¿Porqué no te escogió a ti o a cualquier otro? No, no, nada de eso, no eres tú ni ellos un maldito zapato, soy yo. Desde hoy tendré que acostumbrarme a mi nueva vida. ¡Soy un miserable Zapato!
Eterna condena nocturna

¡Qué extraña y divina es la sensación de mirarse al espejo sin reflejo!
De sentirse muerto
De verse muerto sin estarlo.

Qué extraña y divina sensación es ser tan diferente.

Qué extraña sensación es sentirse un poco muerto,
Completamente solo,
Una sombra simplemente. Siendo una noche eterna,
Siendo un poco de negro,
Un poco de muerto,
Un poco de todo, un poco de muchos, un mucho de ti.

Extendiendo mi sangre con la noche
Evaporándome en la intimidad de la nada
Donde nadie me vea,
Donde el sol no nace y jamás existe.
Ahí estoy.
Condenado a ser un maldito eterno.

La sangre no puede pararme
La muerte ha elegido no descansar.
Demasiado tiempo para mí.

Eternidad que pesa más que las piedras
Una inmortalidad que la sangre no mata.
Ni siquiera con los filos de la noche.

Penando sin descansar,
Con la tortura seca y amarga de ésta inmortalidad.

Soy dueño de todo sin serlo
Cada noche soy el más querido, deseado.
Después de conocerme soy el más temido.
Revolviéndome entre el erotismo,
Cálido calor de tu cuello.

Así soy yo,
Tan infeliz que no puedo mirarme al espejo.
Tan insatisfecho como un simple mortal,
Tan imperfecto como tú.

Solo, noche, sólo muerte.
Sólo nocturna vida
Solo pesares pasajeros
Sólo un eterno sufrimiento.

Quisiera ser piedra,
Quisiera ser un pedazo del sol
Quisiera ser pino
Quisiera ser un dios.

Recordando en mi sangre caliente a mi creador.
Todas las noches, es la gran letanía.
Oraciones perdidas entre las cenizas.
¡Estoy condenado a estar conmigo para siempre!

Es demasiado tiempo para mí.
Seca y oscura muerte diaria.
Fría y áspera lengua me espera
Atormentándome cada noche.

Prisión adherida en mi piel,
Tatuada en mi sangre,
En mi boca, en mis labios.

Comprometido a ésta vida sin final
Debido a tu egoísmo.
Todas las noches que existan
Estoy condenado a ti.

Soy lo que una vez fuiste, un recuerdo.
Un alma.

Soy un muerto con un pedazo de vida
que se consume cada instante,
soy un esclavo de la sangre, de ti.

Soy tierra, soy todo y nada.
Soy noche, sin reflejo.
Soy fuego, calor, arte y deseo.
Soy un odio, soy una simple alma.

Guillermo Carballo
(lunes, 11 septiembre 2006).